Después del Tsunami


24 horas después del ridículo protagonizado anoche por los nuestros, toca analizar en frío lo ocurrido. Adelanto a los partidarios de Jimenez que el entrenador sevillista no va a salir bien parado en este post, así es que para evitar males mayores, mejor será que no sigan leyendo.

En este blog nos hemos caracterizado siempre por expresar las cosas sin ambajes, tal como las vemos, las pensamos y las sentimos, gusten mas o gusten menos. Por todos nuestros lectores es conocida la opinión que nos merece la capacidad de Manolo Jimenez para comandar esta plantilla. De lejos vienen nuestras dudas por no decir certezas sobre la forma de entender el fútbol del arahalense. Con esto no estamos diciendo que sea mal entrenador. Ahí están los éxitos cosechados con el filial año tras año y su enorme talento para descubrir  figuras cuando aún no son ni siquiera promesas. Ya lo ha dicho Monchi en una sesión del programa La Bombonera; “Jimenez es la persona con mejor ojo clínico que conozco”. Y yo le creo. Pero eso no significa que sea el entrenador adecuado para dirigir a un equipo confeccionado para aspirar a todo según su presidente y más en una competición tan exigente como la primera división española.

Lo de ayer fue una auténtica pantomima, un pim-pam-pum sin sentido y una vergüenza absoluta para todo aquel que piensa y siente en sevillista. Pero lo peor de todo no es eso; lo mas doloroso es escuchar al entrenador decir en rueda de prensa post-partido que el equipo había salido a ganar y quedarse tan pancho después del esperpento vivido. Pues atentos, todavía hay sevillistas que justifican tal decisión y tal actuación. Simplemente patético.

Desde que Jimenez tomó el mando, la trayectoria del equipo se caracteriza por continuos altibajos; con rachas de cinco partidos ganados y otros tantos consecutivos perdidos. No hay un patrón definido. La preocupación por frenar al contrario queda siempre por encima de la de potenciar las virtudes propias. Se sale casi siempre a verlas venir, dejando la inciativa al rival con la esperanza de aprovechar la pegada para llevarse al final los puntos. Pero esto no siempre funciona, como vimos contra el Getafe. Otra caracteristica del Sevilla de Jimenez es que siempre la pifia en los momentos clave porque no es capaz de hacer frente a la presión que esto conlleva. Basta con recordar las lastimosas eliminaciones de champions (Fenerbahçe), copa del rey año pasado (Barcelona), UEFA (Sampdoria), Copa del Rey (Athletic) o Betis. Cuando se es mezquino en los planteamientos se acaba pagando.

Más recientemente, se han dilapidado nada menos que nueve puntos de ventaja que teníamos hace solo tres partidos y hemos dado vida a equipos como el Valencia, que estaban muertos. Tengo la sensación de que el equipo juega amordazado y hasta me atrevo a decir que esa misma sensación la experimentan los jugadores, lo que se traduce en un rendimiento inferior al normal por falta de motivación. El caso mas evidente es Maresca. Viéndole hoy parece increíble que hace menos de tres años fuera considerado con toda justicia el mejor jugador de la final de Eindhoven y una pieza clave del equipo durante varias temporadas.

Puede parecer oportunista la publicación de este post en un momento en el que se necesita apoyar al equipo. Que a nadie le quepa duda de que el domingo estaremos dejandonos la garganta en el Pizjuán apoyando a los nuestros como hacemos desde muchos años atrás. Pero ni aunque ganemos por goleada cambiaré de opinión. Pocos partidos hemos tenido la ocasión de disfrutar de un juego alegre, desenfadado y claramente atacante. Más bien al contrario, la constante en esta temporada es el aburrimiento y el dilapidar machaconamente los primeros cuarenta y cinco minutos para intentar resolver en las segundas partes. Debe tratarse de una estrategia porque estadisticamente es imposible que por azar llevemos sufriendo esta “anormalidad” durante toda la temporada.

Tambien me resulta complicado entender qué pretende Jimenez cambiando de banda a nuestros estiletes. Con esta ¿estrategia? solo consigue eliminar el factor sorpresa sobre los rivales ya que todo el mundo sabe que a banda cambiada, tanto Navas como Capel han de frenarse en plena carrera para acomodarse el balón sobre su pierna buena. La sensación de los futbolistas debe ser algo parecido a calzarse los zapatos al contrario y pretender correr normalmente.

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