Asco no, repugnancia

Eso es lo que me produce la figura de Pipi Estrada, ese (según decían) buen periodista deportivo que de la noche a la mañana se ha convertido en un personaje más del circo mediático de la televisión al nivel de la Pantoja de Puerto Rico, Leonardo Dantés o Kiko de Gran Hermano. Es difícil de creer de qué manera puede el ser humano ser tan ruín y falto de ética sólo por dinero, ya que me cuesta pensar que lo haga por adquirir relevancia personal. Por lo visto ya la tenía y era positiva, así que si no es por dinero no sé por qué otra razón puede alguien caer tan súmamente bajo.

Por suerte para él, esa mezquindad no es exclusiva de algunas personas sino también de medios de comunicación, por lo que también cobra de Marca por hacer algún que otro vídeo a modo de columna de opinión. Yo sinceramente, viendo las tonterías que dice sobre contenido no-deportivo, no me puedo creer nada de lo que diga sobre fútbol. El caso es que el equivalente a Marca en televisión es Telecinco, una cadena que vive de los programas de cotilleo, realities manidos y absolutamente nada más. Así que Pipi no se podía quedar fuera. Ya es “consejero” en un programa de buscar parejas, que ya tiene delito. Pero es que encima tiene la poca vergüenza de acudir a un plató para hablar de la muerte de Andrés Montes. Todos y cada uno de los medios de comunicación, incluido el Marca, habían tratado la noticia con respeto si se le puede llamar noticia, puesto que Andrés Montes era un trabajador como cualquiero otro, con la diferencia de que salía en televisión por su trabajo. Todos los medios han hablado de la muerte de manera objetiva. Pasó esto, en tal sitio y a tal hora. Telecinco, como no, ha entrado en su “programa” La Noria en especulaciones. En el porqué o en el porqué no, en el cómo y en el cuánto. Y ahí estaba Pipi, hablando frívolamente de un compañero al que decía apreciar mucho. Pues si lo apreciabas no sé que hacías ahí.

Este es un blog sobre el Sevilla FC, pero aprovechando que su temática es generalmente deportiva, no podía dejar de destacar la vergüenza que me produce que un periodista pueda llegar hasta estos límites.  Deberían poner su ejemplo en las facultades de comunicación para evitar que gente de esta calaña pueda ocupar puestos de trabajo. Y ya que hay consejos reguladores de los contenidos en televisión, que demuestren que sirven para algo. Si eso vale, ¿qué no vale?