La cantera frente a la cartera

Desde que se inició este verano el famoso maratón de megafichajes madridistas, confieso que tenía ganas de escribir un artículo al respecto. Este propósito se vió acrecentado a raiz de leer un articulo en ABC firmado por Francisco Perez -pluma ágil y sutil donde las haya- que hacía referencia al agravio comparativo que se produce entre los clubes compradores, – por no decir, despilfarradores – a cuya cabeza del mundo mundial se encuentra este año el R. Madrid y los que no tienen mas remedio que basar su estrategia empresarial en trabajar y cuidar la cantera.

Confeccionar  plantillas a base de talonario tiene la ventaja de apostar sobre seguro. Por contra, genera indudablemente una gran insatisfacción entre los cientos de chavales que componen las categorías inferiores. Hagan lo que hagan, solo una mínima proporción de ellos tiene una remotísima posibilidad de llegar al primer equipo. Y no porque sean menos buenos que los foráneos, sino simplemente porque no son mediáticos. Los casos de Iker Casillas o Raúl constituyen raras avis en el esquema empresarial de los Florentinos de turno. Estoy convencido de que los aficionados de estos equipos son como los romanos imperiales. Necesitan sangre fresca permanentemente. Y si esta sangre viene de fuera, mas glamour, mas caché, mas disfrute. Nada importa que miles de familias estén pasandolas canutas para salir adelante mientras ellos tengan su ración semanal de espectáculo circense.

En el otro lado están los clubes que, bien por economía o bien porque confían en que se trata de la mejor opción y creen en ello a piés juntillas, emplean su dinerito en fomentar la cantera. En poner a cientos de chiquillos a trotar sobre un prado para que cada año, uno o dos de ellos lleguen a la élite. Aquí encontramos indudablemente a nuestro Sevilla, al Athletic, al Español e incluso al Villarreal, equipo este que tiene sembrada media España con jugadores procedentes de sus categorías inferiores. Ayer me alegré enormemente al escuchar la noticia de que un chavalín de dieciseis años, Muniaín, había debutado y marcado en la previa de la Europa league -extinta copa UEFA- con el Athletic. Un gol que además sirvió para que su equipo entrara en la fase de grupos con todos los honores. Y ya saben quién está al mando de la nave bilbaína, D. Joaquín Caparrós Camino, sevillista de nacimiento, de convencimiento y enamorado como pocos de la cantera. Otro más que se une a los Reyes, Capel, Sergio Ramos, Jesús Navas y tantos otros que el bueno de Joaquín ha puesto en el escaparate de la mejor liga del mundo.

Capítulo aparte merece el actual Barcelona. Los catalanes llevan muchos años  apostando fuerte por la cantera pero, al igual que los madridistas, sus aficionados necesitan de cuando en cuando un toque de distinción extranjero para no ser menos que los capitalínos – sin premio-. Los Messi, Piqué, Xavi, Iniesta, Pujol, Bojan, Pedro y compañía no han nacido por generación espontánea. Son fruto de muchos años de trabajo y de una cuidada planificación y selección de los técnicos de las categorías inferiores que cada año peinan la geografía nacional -española- en busca de lo mejorcito de cada casa. Y una vez conseguido, les inculcan los valores que creen mas adecuados para formarlos no solo como futbolistas sino sobre todo como personas.

El problema es que, como dice Francisco Pérez en su artículo, ambos grupos de equipos, los poderosos y los modestos, compiten por un mismo premio que se antoja bastante mas complicado para estos últimos. La descompensación es clara y manifiesta. Y lo malo es que en futbol no existe el handicap, que podría paliar esta desigualdad. La única solución como propone Pérez podría ser crear una especie de superliga europea donde Madrid, Barça, Milán, Juventus, Inter, Manchester, Chelsea, Liverpool, Arsenal, Bayern y algunos más  se batieran entre ellos en pos del cetro europeo de clubes. De esta forma, podrían dejarnos a los demas mortales optar a saborear algunas mieles que hoy por hoy nos están vetadas.

No crean que es tan descabellada la idea. Igual un dia no muy lejano la vemos en marcha.