Sevilla FC 4; Real Zaragoza 1. ¿Y porqué no así siempre, míster?

Para que luego digan que la crítica no es buena. Estoy convencido de que el aluvión de reproches que recibieron técnico y jugadores tras el partido de Valencia ha servido para que uno y otros se pongan las pilas. Hoy hemos vuelto a ver tensión, motivación, ganas, convicción en las posibilidades propias olvidándose por una vez de las ajenas. Ese mirar para adelante pase lo que pase que tantos éxitos ha traido a este club. Basta de jugar encorsetados, con ese lastre psicológico que supone el “mantener la portería a cero o morir”. El propio Manolo Jimenez reconocía en rueda de prensa que estaba muy cabreado por el gol encajado, ya que él prefiere siempre ganar por dos a cero que por tres dos. Pues mira Manolo, a veces hay que soltarse un poquito la melena y exponer aunque encajes un gol de vez en cuando. El aficionado  paganini lo agradece no sabes cómo.

Debut liguero en casa y deberes bien hechos ante un Real Zaragoza que no es ni mucho menos el típico recién ascendido. Los de Marcelino tienen nombres, varios de ellos muy interesantes, pero les hace falta cambiar el chip de la categoría y saber que no sólo el trabajo es el que trae los frutos en Primera. Aquí lo que más importa es la pegada, y el Sevilla por fin dio muestras de la suya en un partido de diez en lo que se refiere al acierto. Si en Mestalla tuvimos una sola ocasión, esta noche hemos vuelto por momentos al juego que trajo los títulos, alegre arriba y con la lucha y la velocidad por bandas como mejores aliados. Las bandas vuelven a funcionar y muchísima culpa de ello tienen los dos laterales de hoy, Konko y Adriano, inconmensurables atrás y sin miedo a subir cuando la situación lo requería. El centro del campo sigue siendo la asignatura pendiente. Ayer parecía como si en el círculo central hubiera un gran socavón porque todos los balones lo sobrevolaban sin rozar el cesped.

Este Sevilla es otro en casa cuando el primer gol llega pronto, pues esto evita las prisas y los aturullamientos cuando se acerca el final con empate. Sin embargo, hoy el efecto fue el contrario y el tanto de listo de Abdoulay Konko no hizo sino provocar que el equipo se replegase durante veinte minutos en los que aparecieron de nuevo los malditos retrovisores y nos hicieron pensar en lo peor. Lo que hasta el primer gol eran subidas de los laterales sin miramientos dio paso a un dibujo estático y con el balón retrasado como mayor recurso. Cuando se juega a mantener el resultado, o te quedas igual o peor de como estás. A nosotros nos tocó la segunda opción con el gol de Arizmendi tras error garrafal en cadena de los centrales y el portero. Pero aunque Negredo no tuvo su día y no pudo demostrar nada en su debut casero, junto a él juega un punta que da la casualidad que es la estrella de la selección brasileña. Justo antes del descanso, sólo tuvo que recibir en el borde del área para batir por alto a Carrizo y volver a ponernos por delante. Hay que decir que en la primera parte tanto Negredo como Luis Fabiano tuvieron que bajar al centro del campo en varias ocasiones para recibir. Así es imposible que desarrollen su juego, que precisamente se caracteriza por definir dentro del área.

Sea como fuere nos marchamos al vestuario por delante, con un gol de esos que llaman psicológicos. Pero la psicología de poco sirve si no va orientada a ampliar el marcador y dejarse de racanerías. Por un momento pensé que nos tocaba sufrir en la segunda parte, pero Jiménez por una vez hizo caso omiso a sus convicciones y apostó a ganador. Con el permiso de su mister, este equipo sabe como matar los partidos y volvió a demostrarlo una vez más. Fazio, que estuvo muy mal en su faceta principal de central, sólo destacó con algunas incorporaciones al ataque. En una de ellas, justo después de un clamoroso error que hubiese significado el 1-2 de no ser por el fuera de juego de Arizmendi, arrancó con un robo de balón, autopase hacia la banda derecha y centro pasado al que llegó Perotti para fusilar y sentenciar.

El Sevilla ya era dueño de un partido que no se escaparía y todos querían participar en la fiesta. Konko, que ya tiene su cántico en la grada, volvió a demostrar que ni la afición ni la prensa se dedican a crucificar jugadores. Son ellos mismos los que se ganan los pitos y los aplausos con su trabajo. Konko no mereció ni un aplauso hasta esta noche, en los que los ha tenido a raudales. Sergio Sánchez debería preocuparse, porque con una competencia a este nivel lo tendrá complicado. No quedaba mucho pero Luisfa seguía con hambre. Y la sació casi al final con otra de sus típicas jugadas. Saque de corner de Capel, Lolo remata de cabeza al poste y trás dos rechaces el paulista la caza y la mete como siempre. Gol típico de los que saben situarse en el área.

Cuatro a uno inapelable y con sólo veinte minutos de desconcierto. Jiménez ha demostrado una vez más que jugando a lo que tiene que jugar no tendrá problemas para contentar a todos, no solo a los que le apoyan incondicionalmente. Luego la cosa será que el balón entre o no, pero curiosamente el Sevilla cuando gana en casa, suele hacerlo o bien por goleada (cuando todo se pone de cara desde un principio), o bien por la mínima (cuando el gol llega al final y de milagro). No hay más. Un Sevilla valiente no tiene rival al menos en casa. Sólo queda que el que mueve los hilos de esta plantilla se dé cuenta. Confiamos en ello, aunque explosiones de valentía como la de anoche ya hemos visto muchas y al final siempre se vuelve a las andadas. Por cierto, me resultó curioso ver como tras un primer y recurrente cambio de bandas entre Perotti y Navas, al minuto y medio volvió a dejar las cosas tal y como estaban. El argentino levantaba los brazos al banquillo pidiendo algo de lógica al asunto. Pero las penas con Luisfa, son menos. El miercoles, a corroborarlo en Champions.

Por el Sevilla FC jugaron: Palop (1); Konko (3); Fazio (1); Escudé (2); Adriano (3); Zokora (2); Renato (1); Navas (2); Perotti (2); Luis Fabiano (3) y Negredo (1). También jugaron Lolo (1); Acosta (1) y Capel (s.c)