Si yo fuera Jimenez

Los Sevilla-Osasuna  se han convertido ya en un clásico del futbol español. Desde los años en que el gran Joaquín Caparrós ocupaba el banquillo de nuestro (su) equipo y el “manito” Aguirre el de los pamplonicas, las confrontaciones entre andaluces y navarros se cuentan entre las más disputadas del futbol español. Osasuna, equipo norteño y aguerrido donde los haya, suele emplearse a fondo cada vez que se ve la cara con los nuestros. Archiconocidos y aún frescos en la memoria están los duelos Webo y Chengue Morales versus Alfaro y Navarro. Hasta el punto de que no era raro que los masajistas tuviesen que emplearse a fondo y suturar alguna que otra brecha provocada durante el fragor de la batalla.

Cada vez que el Sevilla ha entrado en el juego de los rojillos ha llevado las de perder. Y esta tarde no va a ser una excepción. Osasuna saldrá como siempre a explotar su única virtud, la garra. El Sevilla debe contrarrestarla con su calidad. No debe entrar en el intercambio de golpes. En tiempos de Caparrós no había más remedio que hacerlo porque el nivel de la plantilla era el que era. Hoy en día y teniendo jugadores que son la envidia de muchos equipos de campanillas, estamos en condiciones de traernos los tres puntos si salímos al campo convencidos de que somos superiores. Desde  el minuto uno, sin tregua. Salgamos a meter a Osasuna en su área y a intentar pegar primero. Nada de arrimar el culo a Palop y dejar correr los minutos esperando que a los locales se les acabe el fuelle. LLevamos dos partidos consecutivos saliendo con buena actitud y los dos los contamos por victorias. Ya se sabe que no podremos contar con el jugador más en forma pero tengo absoluta confianza en Kanouté y Negredo.

Pero claro, ni yo soy Jimenez ni estaré dentro del vestuario del Reino de Navarra para oir las consignas. Ya quedan horas para salir de dudas.